Críticas

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El autor escribe bien y se advierte que hay un trabajo de lenguaje que se ha ido decantando con los años. Hay búsqueda de imágenes, de metáforas y de distintas maneras de decir las cosas. A veces ciertas comparaciones son grotescas y hasta chocantes, pero esto no es un defecto sino simplemente un estilo, una tendencia que en los poemas y en los ensayos, no así en los cuentos, convendría pensar en cambiar. Se maneja mejor en los cuentos breves que en las largas tiradas o en los poemas, aunque debo decir que yo no soy una buena lectora de poesía.
El libro se resiente debido a la mezcla. No es una antología: en las antologías pueden disculparse las irregularidades y los niveles desparejos. Si es una antología de varios autores, eso va de suyo. Si es una antología de escritos de un solo autor, también se comprenden los desniveles en vista de los intervalos que deben haber transcurrido entre texto y texto.
Pero aquí se mezclan en cierto desorden, o en un orden que no alcanzo a ver, poemas, cuentos y ensayos. En principio no me parece mal. Si un autor quiere reunir sus trabajos y esos trabajos cubren varios géneros, nada hay que se lo impida y el resultado puede ir desde brillante hasta abominable.
La Baba Dialéctica no es de ningún modo abominable, todo lo contrario. Es un libro que depara varias agradables sorpresas. Pero tampoco es brillante y a veces se hace inaceptable. Se frustra la necesaria unidad, quien lee se encuentra preguntándose qué es esto, en vez de gozar de una lectura en la que la palabra y la imagen, que no es la estructura, le hagan perder pie.
A esto contribuye el numerado con guarismos romanos de cada sección. Una piensa que va a leer una novela, cosa que el libro no es.
Ahora bien, tal vez la intención del autor fue precisamente ésa: la de conformar una novela con trozos aparentemente inconexos que finalmente mostrarían su unidad interna, cosa que, hilando muy fino, podría empezar a sospecharse debido a la aparición, en varios textos, de la figura de Haro.
Si fue así, la unidad interna ha desaparecido completamente del mapa de este texto. No se muestra, no se sospecha, no está, no existe a los ojos de quien lee por más entrenada que esté esa persona en la lectura. Si fue así, habría que mostrar esa unidad en alguna parte, dar indicios de ella, dejar ver sus huellas. Si fue así, el autor tiene que reflexionar acerca de la ambigüedad y la confusión. Si fue así, la paleta del pintor de estas escenas debe limpiarse para que los colores dejen ver lo que hay debajo de la mezcla.
No sé qué destino tiene este original. Si es para presentar en una editorial con vistas a su publicación, no parece que vaya a pasar el filtro del lector profesional. Los editores son mucho más rígidos que los lectores (ingenuos o no) en cuanto a los géneros; quieren saber, con vistas a la venta, si eso que van a publicar es una novela, un ensayo, un libro de poemas, una antología o qué.
Si es para presentar a un concurso o junto con un pedido de beca, me parece que se beneficiaría de mostrar los trabajos aisladamente, no reunidos en un libro. En este caso, si se pone cada uno en una carpeta (o todos los cuentos en una carpeta, todos los poemas en otra, todas las reflexiones en otra), la gente de quien dependa la decisión sabrá a qué atenerse y se dará cuenta de lo que ha trabajado el autor en cada uno de los géneros.

En resumen: no es un mal libro, es un libro incorrectamente estructurado. Y eso es siempre más fácil de corregir que una escritura defectuosa, inadecuada o desagradable.

Angélica Gorodischer
Rosario, julio 1996

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