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Así se expresó el poeta rosarino Horacio de Zuasnabar, quien esta noche presenta en el bar La Muestra su libro de poemas.

Por Edgardo Pérez Castillo

De hablar pausado, Horacio de Zuasnabar parece meditar cada una de sus palabras. Quizá como producto del mismo proceder, de idéntico criterio, proesías a la inmortalidad representa la flamante creación literaria del escritor nacido en Rosario y forjado alrededor del globo. En lo que sería un espectáculo de carácter interdisciplinario, el libro será presentado hoy a las 20.30 en La Muestra, bar de San Luis y Juan Manuel de Rosas. Con la participación de Andrea Quiroz y discípulos en violín, Leonardo Piñataro ofreciendo actos de magia e ilusionismo, Hugo Goñi y Soledad Marcote con su tango danza y Ana María García Beltrame, fragmentos de la pieza editada por la prestigiosa editorial Libros de Tierra Firme serán leídos por el propio autor, quien además estará acompañado en la tarea por la actriz Liliana Belinsky.
"Creo que este libro es autobiográfico. Creo que toda obra es autobiográfica, necesariamente. Uno no puede escribir sobre lo que no conoce, entonces aunque escribas una novela de terror va a ser algo sobre tu misma biografía, siempre. En este caso sí es muy marcado. Creo que en poesía tengo una escritura muy intimista", dijo el autor a este medio.
-¿No se siente expuesto expresándose de manera tan intimista?
-Claro, esto está muy bien. es el tema de lo público y lo privado. Yo estoy dispuesto a escribir sobre mi vida, pero no hacer un show mediático con ello. No estoy dispuesto a discutir mi vida, que es privada. Ahora bien, no soy el primero ni seré el último que hace literatura con gran contenido personal.
-¿Dentro de esa línea toma referencia en algún autor en particular?
-Es algo curioso, yo admiro a muchísimos autores, pero en primer lugar te podría decir que los escritores dicen algo así como que podrían vivir sin escribir, pero no podrían vivir sin leer. En mi caso ha sido diferente, con todo respeto. Yo tengo que decir, lo siento así, que podría perfectamente vivir sin leer, pero no podría hacerlo sin escribir. Por supuesto que sé, no soy un necio, que la lectura continuamente me enriquece. Como referentes empecé, como todo el mundo de mi edad, con Salgari, Verne, luego Cortázar, y Borges, a quienes conocí personalmente. Tuve la suerte de tratar a Cortázar un poco más y Borges ha sido para mí un objetivo a superar. Fijate la gravedad de lo que digo. Creo que no ha sido superado y que se habló hace algún tiempo de matar al padre, en el sentido de que Borges a muchos de nosotros nos ha dado la impresión de que nos podía cortar las alas porque no podíamos tener más posibilidades después de él.
-¿Ha descartado aquél objetivo de superar a Borges?
-No, al contrario. Empecé a los 13 años a escribir. La vida afortunadamente me ha permitido vivir tiempos muy difíciles que me han dado la posibilidad de tener parámetros para medir lo feliz que soy siempre también. Entonces agradezco a Dios. O a su sustituto como hablaba con Fernando Savater: nosotros racionalmente no podemos aceptar que exista Dios si no tenemos una prueba, pero nos gustaría en el futuro estar en un ciclo compartiendo un café con los amigos. Por eso decíamos que éramos "Agnósticos Culturalmente Esperanzados".
-Justamente hablando de esperanzas, en el libro se perciben segmentos oscuros, cargados de tristeza, sin embargo el texto se muestra esperanzador ¿Es una simple percepción de este cronista o es parte de su estilo?
-Creo que es mi ideología, mi estilo que en este caso denomino "proesías", que es una palabra que inventé para reunir las connotaciones de prosa, poesía, una travesía que haga y también que lo siento como una proeza. Son mis hijos literarios. Que hay tristeza, muchas veces me lo han dicho, pero lo que hay es mucha memoria, no necesariamente nostalgia y tristeza. Claro que hay tristeza, yo escribí y lloré cuando lo hice. Según me das a entender podría decir que es solemne, pero depende de la recreación que se le dé al libro. A mí me fascina ver cómo recrean mis escritos y los interpretan de maneras que tal vez no coinciden con la mía. Pero uno no espera que el otro sienta y piense lo mismo, sino que se motive, que despierte a pensar y a sentir. De eso se trata.
-Considerando esta característica de poesía novelada o novela poetizada, y considerando además su carácter autobiográfico, ¿puede pensarse como una obra inagotable, que sufrirá revisiones y agregados indefinidamente?.
-Es una buena pregunta. Es la tarea utópica del escritor poder vertebrar todas sus novelas, cuentos, poesías, hasta las sílabas, y darle a eso un hilo conductor que refleje al alma del autor. Todos mis textos están hermanados, porque en cada libro hay un párrafo de otro de mis libros. Siento necesidad de hacerlo así. Muchos escritores me han dicho que sienten que todos sus libros son el mismo libro.

Rosario 12, jueves 6 de diciembre de 2001

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